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Mazdarrari

Nuestro compañero, y sin embargo amigo, Morrillu (lo encontraréis en Motorpasión Moto, en Motorpasión F1 y en Circula Seguro) se levantó aquella mañana con alegría y con ganas de vivir. Tenía que acudir a Gijón a realizar unos trámites y se llevó consigo a su hijo, al cual, para evitar líos de protección de menores, vamos a denominar cariñosamente Morrillín.

Caminaban alegremente, pues, Morrillu y Morrillín por el centro de Gijón, y cuál no fue la sorpresa que experimentaron ambos a la par cuando se encontraron de bruces con un proyecto de difícil digestión, al que con todo el respeto que merecen las obras ajenas llamaremos Mazdarrari. Sí.

Mazdarrari

Tras un primer aspaviento por parte de Morrillu y un involuntario pero sobrecogedor rechinar de dientes del pequeño Morrillín, padre e hijo intentaron recomponerse el ánimo para repasar, punto por punto, las puntadas que conformaban aquel extraño traje. Desde la zaga hasta el frontal, todo era indicativo de que Mazdarrari era una mezcla perfecta.

Mazdarrari

Perfecta… para sacar fotos de todos y cada uno de los detalles que exhibía en plena calle. Mientras Morrillín sacudía la cabeza y decía que no podía ser, que los monstruos no existen y que todo son cuentos para atemorizar a los niños, Morrillu iba y venía, cámara en mano, completamente excitado por el encuentro con aquel ente misterioso.

Mazdarrari

¿Cómo un Mazda pudo soñar de esta manera con haber nacido Ferrari? ¿Qué lo llevó a volverse así? Tanto da. Había tanto que contar, pero tanto, que Morrillu fue incapaz de proferir palabra alguna. Aquellos distintivos en las llantas, aquel emblema en el capó, aquella leyenda en la trasera, aquel volante que exhibía un cavallino sobre fondo amarillo. Morrillu es buen redactor, pero no podía explicar la amalgama de sentimientos que le despertaba aquella creación.

Mazdarrari

Y por todo eso, tras coger a Morrillín de la mano y huir del lugar cuanto antes, escapando a la pesadilla y dejando al Mazdarrari sumido en el sueño de Maranello, nos mandó las fotos con un simple mensaje: “Esto es lo que me he encontrado hoy en Gijón”.

Y acto seguido se fue al ambulatorio, a que le echaran un vistazo. El diagnóstico de su médico de cabecera fue claro: Dolorpasión™ ocurre en domingo.

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