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Toyota es una marca que, hasta la reciente llegada del GT-86 y el anuncio de su regreso a las 24 Horas de Le Mans, parecía haber perdido la pasión por el automóvil. La mayoría de sus modelos carecían de ese punto divertido que hace que para muchos los coches sean algo más que un medio de transporte que te lleva de la forma más eficiente de un punto a otro.

Eso al menos es lo que yo opino, pero tengo que admitir que después de ver el vídeo que os adjunto, mi forma de pensar ha cambiado un poco. Un Toyota Avensis Station Wagon es “a priori” un coche familiar, práctico y soso en cuanto a emociones al volante…hasta que lo empiezas a conducir de una forma poco habitual.

Así lo demuestra el manitas que lo conduce en el vídeo, todo un experto en hacer derrapadas infinitas, finas y perfectamente trazadas con este familiar de tracción delantera. Sin apenas esfuerzo es capaz de cruzarlo en todo tipo de curvas como si llevase entre sus manos un tracción trasera.

Es cierto que debería haberlo hecho en un sitio cerrado al tráfico, pero también ha demostrado que es posible disfrutar con un coche de estas características. Me lo imagino diciéndole a sus hijos por la mañana al salir de casa: “Niños, hoy vamos al colegio de lado. Saludad por las ventanillas”.

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