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Un nuevo “marrón” planea sobre Toyota USA, y es una polémica de las gordas. Tras la tormenta mediática del Pedalgate, ahora viene la tormenta jurídica, hay varios pleitos abiertos. La última novedad es que hay abogados que acusan a Toyota de haber jugado muy sucio intentando evitar el conocimiento público de unos incidentes de aceleración incontrolada.

Según la compañía, estas aceleraciones involuntarias se pueden haber debido solo a un pedal atascado o a una alfombrilla defectuosa, nada más. Existe la sombra de la sospecha sobre un fallo electrónico que no se ha conseguido demostrar aún, la empresa siempre lo ha negado rotundamente.

Se sabe que dos coches fueron recomprados a sus propietarios para analizarlos detenidamente con los ingenieros. Hay dos versiones. La parte demandante acusa a Toyota de haber obligado legalmente a los clientes a los que compró el coche a no decir nada, y a comprometerse a no demandar a la empresa en el futuro.

La postura de la empresa es que esos coches se recompraron para análisis interno, y que solo se pidió a esos clientes una firma de renuncia de responsabilidad, que no era obligatorio firmar. Si hacemos caso a la primera parte, es una forma descarada de haber intentado encubrir casos de aceleración incontrolada por fallos electrónicos.

Según la empresa, no se obligó a nadie a firmar acuerdos de confidencialidad. De todas formas, si no nos creemos eso, si esos clientes no quieren ser destrozados por abogados-lobo, tampoco podrían admitir la existencia de un acuerdo de confidencialidad, de haber existido, así que es un tema muy turbio.

Siendo un poco malpensado, la empresa no podría haber callado a unos clientes muy cabreados solo recomprando el coche, habría tenido que haber una motivación superior (en dinero o en especie). Es decir, si yo digo a un niño que le doy un caramelo para que no se chive a la profe, si cree que puedes conseguir un pastel más adelante, no acepta el caramelo.

2009 Toyota Tacoma

El quid de la cuestión es que la parte acusadora dice que Toyota consiguió reproducir las mismas condiciones de aceleración incontrolada que sufrieron los dos clientes en cuestión, y por eso recompraron los coches con ese presunto acuerdo de silencio. Hablamos de un Toyota Corolla (sedan) y un Tacoma (pick-up, imagen superior).

La versión de Toyota es que no consiguió reproducir esas condiciones inicialmente (no sabían por qué había ocurrido), por eso los coches se recompraron para análisis. Dicen que tras miles de kilómetros hechos, no ha habido ninguna aceleración incontrolada y que son seguros de conducir. Además, añaden que la NHTSA conocía la existencia de esos dos coches.

Es realmente complicado saber quién miente, si la parte acusadora para sacar más jugo a la fruta japonesa, o la empresa intentando salvar los trastos. Si aceptamos que no existen fallos electrónicos, y que Toyota dice la verdad, se trataría de un farol de los abogados demandantes, ¿qué pasará al final?

Y ojo al dato, hablamos de dos coches, dos, y hay millones de Toyota circulando en ese país…

Fuente | Bloomberg
En Motorpasión | Caso Pedalgate

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