
Llegan las versiones de menor consumo del Volvo S60 (berlina) y Volvo V60 (familiar). Pueden eludir el impuesto de matriculación por sus bajas emisiones y consumos homologados, 4,4 y 4,6 l/100 km de gasóleo respectivamente. El motor elegido para estas versiones es el mismo, 1.6 turbodiesel, D2.
Este propulsor va asociado a cambio manual de seis velocidades con un sistema Stop&Start y otras mejoras para reducir los consumos. Sin embargo, se acude a un propulsor muy justo para este tipo de carrocerías, porque tiene 114 CV. La competencia ha demostrado que se pueden hacer coches de segmento D con esos consumos y más huevos.
Tenemos ejemplos muy claros: Audi A4 2.0 TDI e (143 CV, 4,4 l/100 km), BMW 320d EfficientDynamics Edition (163 CV, 4,1 l/100 km), Mercedes-Benz C 220 CDI (170 CV, 4,4 l/100 km), Saab 9-3 TTiD (180 CV, 4,5 l/100 km) o Volkswagen Passat 2.0 TDI BMT (140 CV, 4,6 l/100 km). Ofrecer menos potencia es además de menos meritorio, menos eficiente en la práctica.









