Cuando se escribió el libro del Apocalipsis no se habló de aviones, no existían. En 2010 sí, y somos demasiado dependientes de ellos a día de hoy. La erupción de un volcán islandés de nombre impronunciable ha puesto en jaque al sector europeo del transporte, pero eso depende de quienes hablemos.
Coger un avión es muy difícil. Encontrar plaza en un tren, una odisea. Coger un coche de alquiler para hacer miles de kilómetros, un sablazo. Meterse en un autobús durante decenas de horas, una tortura… y pagar a un taxista carreras de más de 1.000 euros se ve como un mal menor.
Cada vez leo más titulares de carreras de precio astronómico, como la del humorista inglés (y ex Monthy Python) John Cleese, 3.800 euros de carrera entre Oslo y Bruselas (unos 1.500 km). Pero estamos pasando de la extravagancia y poder del mesobraeldinero a una realidad tangible.










