
La historia empieza tiempo atrás, allá por el año 2003. Ese año, unos ladrones robaron un Ferrari F50 de un concesionario Ferrari en Pennsylvania, que obviamente procedió a cobrar el seguro que cubría el robo del Ferrari F50, como haría cualquier concesionario si le roban alguno de sus coches.
En agosto de 2008, el FBI se encontró el coche en Kentucky, guardándolo a continuación durante la investigación en la ciudad de Lexington. Sabemos por Miami Vice que los federales saben conducir Ferraris, así que unos meses después, un agente del FBI cogió el Ferrari F50 para dar una vueltecita y como el Ferrari F50 es un pelín más prestacional que el Testarrossa y esto no es una serie de los 80, si no un deportivo de verdad, acabó chocando contra un árbol.
La aseguradora demandó al FBI y al Departamento de Justicia por los 750.000 dólares en los que estaba valorado el Ferrari F50, sin embargo su demanda se rechazó argumentando que el Ferrari estaba bajo su potestad, sin dar detalles del accidente. Se presentó una segunda denuncia para que el FBI diera detalles del uso, custodia, posesión, almacenamiento y transporte del Ferrari, siendo otra vez rechazada.





