
Muchísimos juegos de coches se han grabado a fuego en nuestra mente. Algunos por su jugabilidad, otros por su apartado gráfico, otros por innovar, otros por ser un verdadero pestiño… pero pocos pueden presumir de haber revolucionado a medio mundo al ponerse a la venta. Y ojo, cuando digo “revolucionado” lo digo de forma textual. Carmageddon consiguió que hasta Matías Prats abriera un telediario hablando de un “violento y sangriento juego de coches”.
Vamos, todavía Pedro Piqueras no se había apuntado a la moda del espeluznante que de haberlo hecho esta polémica le hubiera ido como anillo al dedo. El juego, volvamos a lo que importa, escandalizó a medio mundo y nos proponía participar en unas carreras desquiciadas en las que se premiaban los atropellos sanguinarios. Abuelas con taca-taca a doble puntuación, embarazadas triple, vacas, chicas en bikini… quizá ahora no os sorprenda mucho pero en su momento nos dejó a todos alucinando.
Pero es que el juego no era sólo eso, resulta que era tremendamente divertido. Que los coches eran carismáticos, que el motor de físicas era una autentica viguería para la época, que los circuitos eran descabellados, se dejaba jugar una y otra vez y los sonidos de metal chirriando no se han vuelto a oir tan bien. Carmageddon, al margen de polémicas sangrientas, era un grandísimo juego. Y ¿sabéis lo bueno? Que va a volver.




