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Tráfico Madrid

Los avances tecnológicos en el sector de la automoción son probablemente los responsables de que cada vez se salven más vidas en la carretera. Vidas que, de otra forma, podrían no estarse salvando. Hablamos del ESP, del control de tracción, del ABS y de un sinfín de tecnologías que nos ayudan en el día a día a gran parte de los conductores que compartimos kilómetros de asfalto en nuestras carreteras.

¿Quién no ha tenido un susto alguna vez sin buscarlo? Casi cualquier conductor (también los hay con suerte) se ha visto alguna vez en una situación muy poco afortunada. Puede ser nuestra culpa o no, pero el caso es que en la carretera siempre tendremos que andar con mil ojos y ser conscientes del peligro que entraña que tantos y tantos vehículos circulen al mismo tiempo por nuestras vías.

En pro de la seguridad son muchos los fabricantes que apuestan por evolucionar sus sistemas tecnológicos hasta límites insospechados. Algunos de ellos resultan ciertamente interesantes porque, efectivamente, suponen un plus de seguridad que es realmente valioso. Pero… ¿qué pasa cuando se automatiza en exceso la conducción? ¿hasta qué punto es bueno que nos acostumbremos a que el coche lo haga todo por nosotros?

Conducción invernal

Controles electrónicos

Creo que no me arriesgo mucho si aseguro que cientos o miles de vidas podrían haberse salvado en las décadas pasadas mediante formación orientada a los conductores. Si nunca nos hemos visto en una situación límite, ¿cómo es posible que sepamos afrontarla? ¿no deberían enseñarnos qué infortunios pueden ocurrirnos, o cómo deberíamos reaccionar ante ellos?

A pesar de que la electrónica está sustituyendo a las dotes del conductor cuando en realidad debería ser un complemento de éstas, cabe decir que tenemos la fortuna de contar hoy en día con ordenadores que son capaces de pensar por nosotros, tomar decisiones mucho más rápido que nosotros y reaccionar ante un imprevisto infinitamente más raudos que nosotros.

No hemos tenido esa formación de la que hablo un poco más arriba pero, afortunadamente, sí contamos con algo que rema en esa misma dirección, la de salvar vidas, y son los sistemas electrónicos de asistencia que, nos gusten o no, hacen un trabajo que deberíamos saber hacer nosotros (dosificar la potencia o corregir un sobreviraje, ya que dificilmente podemos evitar el bloqueo de las ruedas de la forma en que lo hace el ABS).

Porsche 911 Carrera S (991), bienvenida sea la electrónica

La discusión está servida, ya que siempre habrá gente que esté en contra de las ayudas electrónicas. Esa gente, probablemente, no se ha parado a pensar en que el 90% de los conductores (por decir una cifra, ya que probablemente puedan ser muchos más) no buscan sensaciones en un coche, ni creerse pilotos, sino un método de transporte que les lleve de A a B. Punto.

De cualquier manera, no quería hablar de las ayudas electrónicas (que por otra parte podemos desconectar para hacer el gamba en un momento puntual pero que deberían estar conectadas siempre para librarnos de un susto cuando menos nos lo esperemos), sino de estos novedosos sistemas que, directamente, conducen el coche por tí.

Conducción automatizada

Aunque no llegan al extremo de los coches autónomos de Google (que por cierto han hecho un porrón de kilómetros de prueba ya, sin un sólo incidente), sí que existen sistemas en el mercado actual que toman el control del vehículo por nosotros.

Audi A3

Desde los sistemas de frenada de emergencia en ciudad hasta los controles de crucero adaptativos o los asistentes de mantenimiento de carril. No hablaré de sistemas en particular ya que son muchas las marcas que trabajan en estos sistemas y que además los incorporan en modelos de segmentos medios y no sólo en las berlinas de lujo. Todos ellos buscan aumentar nuestra seguridad como conductores o acompañantes pero, ¿es bueno automatizar tanto la conducción?

Tras haber probado recientemente algunos sistemas de los más modernos del mercado, me surje una duda: ¿de verdad es necesario que el coche haga tantas cosas por nosotros? Mis temores al respecto no son por el posible mal funcionamiento de las propias tecnologías (que también puede pasar, y sino que se lo digan a Volvo), sino más bien por lo que supone tener todos estos chismes haciendo el trabajo del conductor.

Parece que ya cada día tenemos menos que hacer detrás del volante. Por ejemplo, con un control de crucero adaptativo, el coche mantiene él solito la distancia de seguridad (la que le hayamos marcado), mantiene también la velocidad de crucero elegida y, en cualquier caso, se adecúa a la velocidad del coche precedente e incluso se detiene si éste lo hace. Otros sistemas te mantienen en tu carril (literalmente, ya que actúan sobre la dirección) o detienen el coche en seco si detectan un obstáculo, que puede ser un viandante o una simple barrera a la salida de un aparcamiento (esto último es verídico).

Volvo V40

Mi miedo principal viene por el exceso de confianza. Que el coche lo haga todo por sí mismo hace que nos confiemos demasiado, que nos durmamos en los laureles, y no creo que esto sea precisamente lo más adecuado, teniendo en cuenta que, como hemos dicho, el conductor medio no tiene conocimientos para reaccionar ante un imprevisto y además no estará en condiciones de hacerlo si sus niveles de atención se han desplomado por culpa de la tecnología.

Ahora lanzo una batería de preguntas y os toca a vosotros. ¿Dónde queda el papel del conductor? ¿Qué hace el tipo que agarra el volante? ¿Hasta qué punto es bueno que se automatice tanto la conducción? ¿Deberíamos confiar ciegamente en los sistemas? ¿De verdad es lo acertado confiar nuestra seguridad a la tecnología hasta tal punto?

Fotografía | Javier Álvarez

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