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fauna en ruta: llamada al 112

En esta fauna en ruta nuestra de cada día, no pueden faltar los veterinarios de guardia, los encargados de atender las llamadas de quienes asisten a una mula que se ha roto una pata, la de aquellos que han visto un potro zigzagueando por la autopista o la de aquellos que han visto huir cien gacelas de un incendio originado junto a la carretera.

Hablo del 112, el servicio de atención de emergencias, que merecen todos mis respetos y toda mi admiración. ¿Y a qué se debe este homenaje?, te preguntarás. Y como siempre, te lo voy a explicar. Lo voy a hacer con unos cuantos ejemplos reales como la vida misma. La que ellos tantas veces ayudan a salvar aunque no se lo agradezcamos de forma suficiente.

Antes de pormenorizar, voy con una premisa. Yo soy de esos que cuando ven una cosa rara en la carretera, un riesgo vial que yo no podría resolver ni con toda la buena voluntad del mundo, llama al 112. Antes de la unificación del servicio, llamaba al 062, al 080, al 085, al 088, al 091, al 092… según el caso. Ahora es mucho más sencillo: si considero que vale la pena, paro y llamo al 112.

Llamadas al servicio de emergencia

¿Que cuándo considero que vale la pena? Voy con los ejemplos.

Empiezo por el caso más reciente. Hace unos días, cuando Hatzive pasó por Barcelona para la presentación del SEAT Ibiza Cupra, quedé con él para charlar un rato, tomar una cocacola… en fin, esas cosas. En estas que dejé a Hatzive en la estación de tren y me volví a casa en coche. Ya se había hecho tardecillo y el sol había finalizado su jornada laboral.

Salía de la ciudad por la Ronda de Dalt, uno de los cinturones de circunvalación, y justo en medio del Nus de la Trinitat, que es donde la zona nordeste de Barcelona se disfraza de circuito de Scalextric, en mitad de la noche, vi de pronto a unos autoestopistas con un cacho de cartón o de madera en la mano donde habían garabateado “Italia”. Vamos, que querían que alguien los acercara un poco al país de la bota y de Berlusconi.


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Llamé.

¿Por qué?, te preguntarás tú. Y yo te respondo. Porque aquellas personas, allí en medio, eran un riesgo para ellos mismos y para los demás. Si hubieran querido salir de allí a pie podrían haber sido atropellados por cualquiera. Y si alguien conduciendo hubiera tenido la humorada de frenar para recogerlos, el riesgo de choque por alcance habría sido más grave todavía.

Y es que si pensamos en el 112, muchas veces nos viene a la cabeza la imagen de la ambulancia recogiendo heridos, pero si podemos evitar que la sangre llegue al río, ¿por qué no vamos a hacerlo?

fauna en ruta: riesgo de atropello

Las dudas al llamar al 112

Sobre gente deambulando como estos chicos que aspiraban a llegar (vivos) hasta Italia, recuerdo otro capítulo de corte similar, con un abuelo bien vestido y con pinta de haberse perdido que merodeaba por un arcén. Pensé: “alzheimer”, y llamé. Expresé al chico del 112 mis dudas, pero él me dijo que tranquilo, que harían que pasara una patrulla por allí en unos minutos, y ya está.

¿Pasarían por allí realmente? ¿Lo encontrarían? No lo sé, no puedo saberlo. Pongo un ejemplo muy diferente, pero que viene al caso porque da respuesta a preguntas como estas. Iba yo por la carretera y de repente me encontré… Mira, mejor te lo cuento como se lo conté a la gente del 112:

— Hola, buenos días. Mira, que llamo porque estoy circulando por la carretera [piiip] en sentido hacia [piiip], a la altura del kilómetro 32, poco antes del túnel de [piiip], y me he encontrado… bueno, no sé qué es exactamente, es como basura. Como si un camión de la basura hubiera perdido la carga, es que hay de todo: cáscaras de naranja, porquería por todas partes, y aquí cualquiera se puede pegar un buen patinazo. Está todo muy guarro en un kilómetro más o menos.

fauna en ruta: restos orgánicos en la carretera

Y nada, al regresar por el mismo lugar, un rato más tarde y en sentido contrario, me encontré con toda una brigada de Fomento, de las de conservación y mantenimiento de carreteras, que habían cortado un carril y estaban pasando los cepillos por el asfalto para acabar con toda aquella guarrería.

A veces son casos de esos en los que pasas a 80, 100, 120 km/h y, o todo ocurre en un instante por falta de visibilidad, o bien reaccionas tarde porque no acabas de entender lo que has visto. Y dudas. Pero al final yo siempre he acabado llamando. Prefiero que sean los del 112, que de estas cosas saben más que yo, quienes descarten una actuación que puede ser vital.

fauna en ruta: servicios de emergencia

Es cuestión de explicar qué has visto exactamente, dónde sucede el caso (carretera, sentido de la circulación, punto kilométrico y/o referencias claras, tipo “al lado de la gasolinera tal”) y por qué consideras que puede ser un riesgo (para que ellos evalúen la situación de forma adecuada). Lógicamente te piden el nombre y el teléfono, por si necesitan que les des algún detalle adicional.

Sólo en una ocasión tuve un cierto problemilla, y no fue con el 112, que todavía no operaba en todas las zonas como ahora, sino con el teléfono de los bomberos. Recuerdo que fue cerca de Alhama de Murcia. Llamé por un conato de incendio y se me pusieron un pelín bordes cuando no les supe indicar la dimensión exacta del fuego, más que nada porque el incendio era pequeño… aunque cercano a un bosque. En fin, no sé, pillaría a alguien de mal humor o yo no sabría explicarme bien.

fauna en ruta: cosas que te encuentras por la carretera

Va un último caso. En estas que circulaba yo por la carretera —de noche, claro— y de repente me encuentro un palet vacío tirado en mitad de la calzada. Pegarse un leñazo contra un palet tiene injundia, pero como lo pillase alguien con la moto iba a flipar en colorines. Total, que llamé. Y, para mi sorpresa, al iniciar el protocolo me medio interrumpen desde el otro lado de la línea:

— ¿Qué llamas, por lo del palet? Ya, ya vamos para allá.

Y aquel día vi que no estaba solo en mi costumbre de llamar para informar de este tipo de problemas. Entendí que al menos somos unos cuantos los que nos preocupamos por que no le pase nada al que venga detrás. Comprendí que, después de todo, somos fauna, sí, pero con inquietudes sociales.

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