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fauna en ruta: distracción por una moza de buen ver

Si te hablo de distracciones en el coche, lo más seguro es que tu mente se vaya a buscar el móvil, ese que hoy ya no es un teléfono sino un ordenador enano en el que las llamadas han sido cambiadas por mensajes abreviados que tecleamos con avidez donde sea y como sea. Hasta en el coche.

Campañas de concienciación contra el uso del móvil en el coche ha habido y habrá hasta la saciedad, algunas (1) más impactantes que otras (2), quizá porque el problema del teléfono al volante representa como ningún otro lo que nos ha ido pasando durante los últimos años con lo que yo llamo la banalización del volante: a la conducción y a la circulación no les prestamos la atención que merecen.

Sin embargo, no es de móviles de lo que venía a hablar yo, ni tampoco de discusiones con los acompañantes o de un insecto que se cuela por la ventana, sino de un factor de distracción que en muchas ocasiones pasa inadvertido mediáticamente… hasta que alguien estrella su coche y, de repente, salta por todas partes con ese fulgor que tienen los temas que se descubren en los medios. Un ejemplo: perder la vida por unas bragas.

Me sugieren el tema por línea interna y yo estoy de acuerdo en abordarlo. Es más, este de distraerse mirando vete tú a saber qué y estampar el coche ha sido durante mucho tiempo uno de mis temas recurrentes en el aula al hablar de distracciones, porque son cosas que ocurren en el mundo real™. Pero no. Las cosas que suceden en el exterior del coche apenas tienen predicamento entre quienes tienen por misión llamarnos la atención sobre las posibles causas de siniestralidad.

fauna en ruta: distracciones visuales

Culpable, la raja de tu falda

¿Por qué? Pues porque es una de esas conductas interferentes a las que tradicionalmente caen de la lista. Quizá esté al nivel de lo de distraerse acicalándose. Recuerdo una intentona del Servei Català de Trànsit que decía, de forma indefinida: “Mira la carretera”. ¿“Mira la carretera”? ¿A ver qué hay ahí? Oye, ¿y los espejos no? Mira la carretera… ¿Qué eslogan es ese? “No te mates por unas tetas”, por ejemplo, se habría entendido mejor.

Cada vez que saco el tema, me viene a la cabeza un atropello múltiple sucedido en 1997 en Barcelona, en plena confluencia entre las calles Aragón y Passeig de Gràcia (concurrido territorio guiri para compras caras, rollo calle Serrano de Madrid, más o menos). Una niña de 13 que iba al cole murió al ser arollada y otros dos chavales resultaron heridos, fue muy bestia todo.

¿Que cómo pasó? Imagínate: están los niños esperando a su semáforo, viene un conductor, se sube a la acera y se lleva por delante primero una papelera y luego a los peatones. Fue tremendo. ¿La hipótesis del juez? Una distracción al mirar un escaparate de lencería. El conductor reconoció ir distraído. ¿Solución póstuma? Taparon el escaparate. ¿Sabes esos críos que se dan un coscorrón contra la mesa y los padres regañan a la pobre mesa y la ponen de cara a la pared? Pues algo así.

Atropello en Barcelona, según ABC (29-11-1997)

“Por la raja de tu falda yo tuve un piñazo con un SEAT Panda”, glosaron aquellos trovadores rumberos de Cornellà en un alarde de poesía concienciadora. Y es que a más de uno lo pierde tanto el ir pendiente de asuntos impropios de la conducción, que la cosa daría… no para una entrega de fauna en ruta, no, sino para un libro completo con fotografías a todo color.

¿Exagerado? Ni un ápice. Aún recuerdo a un compañero que tuve cuando me dedicaba a carretear cajas (casualidades de la vida, más o menos cuando pasó lo del atropello de la niña en Barcelona). Aquel hombre (por llamarlo de alguna manera) era un jachondo. Lo mismo hacía sonar el claxon sin venir a cuento (con los sustos que me han dado a mí siempre los pitidos) que se ponía a babear en cuanto alguna fémina se le ponía a tiro visual. Un deshecho de virtudes, vamos.

En fin, allá él con sus cosas. La cuestión es que en más de una ruta íbamos los dos en el camión y: a) se me caía la cara de vergüenza; y b) en más de una ocasión estuvimos a punto de liarla en medio de la calle con el resto del tráfico. Y como lo primero cede el paso a lo segundo, vamos a centrarnos un momentito en lo de estamparse cuando uno se queda mirando las musarañas vestidas de seda.

Focalizar la mirada

Cuando me quedo mirando lo que sea de forma sostenida, ¿quién se queda a los mandos del coche? Mi piloto automático (lectura recomendada). Cuentan los que saben de estas cosas que mi mente consciente tiene sus limitaciones, así que cuando tengo el subconsciente conduciendo y el consciente escudriñando, si de repente se me interpone en el camino un elemento adicional la puedo liar parda con total facilidad si mi parte conductora no ha cambiado de subconsciente a consciente. ¡Chas!

Esa es la razón por la que debemos alternar la mirada mientras nos concentramos (sin exagerar) en lo que estamos haciendo. Tenemos tantos estímulos a nuestro alrededor, todo es tan cambiante, que si no tenemos bien entrenados la mirada y el cambio de conducción subconsciente a conducción consciente nos podemos fácilmente ver sobrepasados por las circunstancias.

Por eso, no basta con decir “Mira la carretera”. La cuestión es más compleja (o más sencilla, según se mire) que eso. La cuestión está en educar a quienes se ponen a los mandos de un coche para que comprendan (del verbo comprender) que cuando llevamos bajo el culo y en nuestras manos y pies una tonelada y pico de acero lanzada a muchos metros por segundo, lo suyo es que estemos por lo que estamos y nos dejemos de tonterías.

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