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fauna en ruta: la peor hora para conducir

Me gustó el hilo que abrió BorMotor en Motorpasión Respuestas sobre la peor hora para conducir. De entrada, la pregunta ya deja claro un escenario según el cual somos apasionados del coche y nos gusta usarlo por aquí y por allá… excepto si se dan ciertas condiciones. Mola, porque eso nos aleja de ser motolibanes y nos lleva a recapacitar. ¿Te gusta conducir? Hombre, pues sí. Pero.

No hay ninguna circunstancia de las propuestas (al menos hasta que redacto estas líneas) que me deje desconcertado. Al contrario. Creo que más o menos todos podemos estar bastante de acuerdo con los lugares y/o momentos más inhóspitos para conducir. Y además son tan recurrentes que hasta salen en el temario de Seguridad Vial que se imparte para la obtención del permiso B.

Se me ha ocurrido que podríamos glosar los factores o circunstancias, agrupando a los amigos que enarbolaron la bandera del y yo también, explicarlos un poquillo y dar algún tipo de solución —lo que técnicamente llamamos medida preventiva— para que no caigamos en el desasosiego y la desidia. Casi siempre hay algo que podemos hacer.

fauna en ruta: atajo contra el atasco

El atasco nos da asco

Abre fuego Sphyrna y le sigue un montón de gente (Javier Costas, tdipower, Biballo, Alberto, zarcodono, legen-dario): un atasco es una circunstancia que odiamos ya sea yendo al trabajo, esquivando colegios o encontrándonos de golpe en medio del caos.

Entiendo que las quejas no vienen motivadas por pequeñas retenciones sino por mogollones de coches que no se acaban nunca. Es lógico: un atasco rompe la rutina del movimiento, y nos mosquea. Si es un momentillo, mira… Pero como sea de esos atascos que los coches no se mueven… Para este problema hay varios puntos que podemos tener en cuenta. En unas ocasiones aplicarán unos, en otras otros y en otras me dirás que me acueste, que lo que tú sufres a diario no tiene remedio. Pues vale.

Lo primero es evitar el atasco. Obvio. Ya sea por cambio de ruta o —si no hay más cera que la que arde, como le pasa a zarcodono, que se come dos colegios quiera o no porque los tiene ahí— cambiando los horarios. Si me vas a decir que eso es imposible, te diré que todo en la vida se puede hacer. Estás hablando con uno que cuando baja al aeropuerto para irse de presentación, lo hace con un tren antes de la cuenta, con una hora de margen. Por lo que pueda pasar.

Atasco en la rotonda

Si nos atrapa el atasco, podemos asquearnos, pero intentemos no cabrearnos. Al fin y al cabo, el atasco no se va a deshacer por nuestra rabia, y encima nos vamos a poner de mala leche y luego somos capaces de ir haciendo el bestia por culpa del enfado. Mejor no calentarse. Como decía mi abuelo, y el buen hombre era un profesional de la rosca, llegaré cuando llegue.

Pero como esto va de aprender cosas entre todos, voy a pinchar un vídeo antiguo pero muy majo sobre la generación de atascos inexplicables (una leche, inexplicables) que se producen de repente en las autopistas y autovías; lo típico de cuando vas a trabajar, te encuentras un pollo con guarnición de proporciones pantagruélicas y luego resulta que no había causa aparente: ni choque ni nada. Para abreviar, la razón más habitual se llama falta de distancia entre vehículos.

Imagínate que desenrollas ese círculo y lo pones sobre una carretera. Lo que ves es lo que hay. Si algún día quisiste saber quién era el primero de la caravana, ahí tienes la respuesta. La caravana no la monta el primero, sino el segundo, que no respeta las distancias. Cuando el primero desacelera el segundo mete un frenazo, y así. De todas formas, si quieres saber un poquillo más sobre por qué demonios se lían esos follones, siempre puedes leerte este artículo sobre el efecto acordeón o bien, para profundizar, también tienes una serie entera sobre la relación entre la onda y el tráfico.

De noche en el coche

La noche nos confunde como conductores

Al salir del trabajo con el coche van todos como locos. No es casual que las tablas oficiales hablen de la siniestralidad in itinere y hagan hincapié en las horas de salida del trabajo, cuando está todo el mundo hasta las narices de su jornada y tienen toda la prisa del mundo para llegar a casa y pudrirse en un sofá viendo la tele, a ver qué se cuenta Jorge Javier Vázquez.

Eso es así, por lo que no me extraña que el mismo BorMotor propusiera este escenario en su pregunta, y topgeares le dio la razón. A este problema sólo se le puede anteponer como medida preventiva una buena dosis de calma al volante y una buena observación del entorno. Si además podemos evitar conducir en esas horas o por esos lugares… Sí, ya lo sé: a todos nos gusta llegar a casa cuanto antes y no andar con rodeos. Aunque… bueno, ¿y dónde se quedó tu pasión por conducir?

No, es cierto, yo también lo detesto. Pero vamos con otras respuestas sobre atardeceres y amaneceres, porque en las palabras de psI3co (y de DaRtH X YaKi) se recoge el pesar por tener que conducir a primera hora del día o a última de la tarde… por cuestiones no ya sólo de gente que viene y que va, sino por la extraña manía que tienen el sol y la niebla de meterse en nuestro camino.

Y quizá sea este uno de los peores asuntos en materia de factores de riesgo chungos: la niebla, aún, aún… quitando velocidad te haces con ella; pero el sol… Aun llevando unas buenas gafas, en las semanas que rodean al solsticio de invierno resulta imposible conducir de Este a Oeste o viceversa y no acabar acordándose de la madre del astro rey y de toda la explicación sobre la eclíptica.

Deslumbramiento

De hecho, este es uno de esos problemas sin demasiada solución que incomodan de lo lindo. Yo lo capeo como puedo con unas gafas bastante envolventes, el parasol sólo si es absolutamente necesario y, según cómo, usando hasta las cejas para hacerme sombra. Pero vamos, que cuando toca el Lorenzo, o te paras y te esperas o te desesperas.

Ahora, que si hay que hablar de momentos del día para no conducir, me quedo con las noches de benf, Papapete y Ángel. Benf, que odia la noche, y Papapete, que odia ir por una carretera de la red secundaria y que se le cruce un animal de los que no llevan vehículos sino que triscan a sus aires por la montañita. Pues nada, mucho ojo al amanecer y al atardecer, que es cuando se mueven los bichejos.

Ángel, por su parte, combina la noche, la lluvia y la ciudad en un cruento escenario al que asisten también legen-dario y sorek. Aquí, lo divertido es que los mismos alcaldes y concejales de las ciudades nos halludan de lo lindo. Entre farolas que dejan las señales a contraluz, asfaltos que con el suelo mojado se convierten en un espejo y semáforos de ledes para que se vean bien, conducir por ciudad de noche y con lluvia es lo más parecido a meterse con el coche en medio de la pista de baile.

Y acabo con el peor momento para alfa164: “En invierno por las mañanas, no soporto conducir con ese frío y además no puedes poner la calefacción hasta que se calienta el motor”, y el hombre tiene toda la razón del mundo. Sabiendo que llevar anorak dentro del coche es un riesgo en caso de colisión, yo tengo ya unas ganas de que se inventen las estufas con resistencias eléctricas y los asientos y los volantes calefactados… Oh, wait, ya existen, pero sólo para algunos elegidos. ¿No es genial?

En Motorpasión Respuestas | ¿Cuál es el momento del día en el que menos os gusta conducir?

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