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fauna en ruta: A 30 km/h por la ciudad

Hay temas que van y vienen y vienen y van. Yo a esos los llamo Guadiana o bumerán, según me pille. El de hoy es uno de ellos. Yo quería despedir el año replicando al que fue mi lacónico ruego para 2012, pero va a ser que no. Tenemos noticia para el fauna de hoy, de esas por las que nos sacamos las vestiduras y nos rasgamos los ojos. (¿O era al revés?) Velocidad máxima en ciudad: 30 km/h.

¿A que mola como tema?

Venga, va, para que no te dé un ataque antes de comerte las uvas te diré que de momento no hay ná de ná, es sólo una idea que flota en el ambiente desde hace ya unos cuantos años. Que ahora haya vuelto a primera línea de fuego (el día 28 nada menos, ¡qué cachondos, los supervivientes de El País!) es un algo que responde a otro algo completamente circunstancial.

Pero, ¿y si la cosa fuera a mayores? De hecho, la historia viene de mayores, de nuestros hermanos mayores, los de Bruselas, esos que nos parecen más sosos que un Fin de Año sin Ramontxu pero que al fin y al cabo dirigen nuestro destino desde esa asepsia tocada por todo lo que suena a Euro aunque no sean billetes ni monedas. Cito del otrora “Diario independiente de la mañana”:

Un comité ciudadano europeo presentó en septiembre una Iniciativa Ciudadana Europea para lograr que el límite máximo en todas las zonas urbanas residenciales de la UE sea 30 kilómetros por hora, una velocidad que ya han implantado varias ciudades y que otras estudian hacer. La Comisión Europea acaba de aceptar su registro.

Y como han aceptado el registro, res novas habemus. Bien. Así que hay unos ciudadanos que han pedido los 30 km/h como máximo en zonas urbanas residenciales. Vale, pues yo estoy de acuerdo con esa petición. Y con la de ir a 20, también. Y con la de 40. Y hasta con la de 50 o 60. ¿Sabes por qué? Porque en realidad tanto me da dónde coloquemos el listón. No es ese el fondo del asunto.

Avenida desierta y sin coches

Nadie dice que vayamos a 30 por desiertas avenidas

Antes de explicarte el razonamiento para tan bellaca afirmación, aclaremos un concepto. La petición no es para que vayamos lentorros por la Meridiana / Castellana / Constitución / Pérez Galdós… (pon aquí la arteria de tu ciudad favorita, que con las referencias a Barcelona, Madrid, Zaragoza y Valencia yo creo que ya me has entendido). La cosa no es que vayamos por amplias avenidas a 30 km/h sino a esa velocidad como máximo en lugares donde pueda existir riesgo de atropello a peatones.

Sobre atropellos, hay mucho escrito; tanto, que te voy a remitir a un articulillo mío de hace unas cuantas lunas en Circula Seguro. Trataba de atropellos a peatones a raíz de un estudio de Fundación Mapfre. En suma, teníamos unas 68.000 personas atropelladas en cinco años de estadística. Una burrada de dolor por atropellos. Evidentemente, si nos ponemos a buscar culpables, había un 40 % de los casos en los que el peatón se comportaba de forma indebida. Pero no es esa la cuestión tampoco.

La cuestión es que cuando un peatón recibe un golpe con un vehículo, se hace daño. Tan sencillo como eso. Entonces, tenemos que circulando a 30 lógicamente se causa menos daño que circulando a 50. La cosa no es para tomarla a broma: hablamos de un 50 % de probabilidad de que el peatón muera si vamos a 50 frente a un 5 % si lo atropellamos a 30 km/h. Pero también lo podemos ver desde un punto de vista más proactivo: a 30 tenemos más facilidad para evitar el atropello que a 50.

Probabilidad de supervivencia ante un atropello

Vale, amordazamos ya al capitán Obvious y nos fijamos en algunos datos: mientras desde el RACE y el CEA la medida se ve adecuada siempre y cuando se ponga en marcha en calles estrechas y donde realmente hay peligro de atropello, los conductores suelen cabrearse al oír hablar del tema, porque interpretan que tendrán que ir lentos por donde antes iban rápido. Ahora destaco un punto que me ha llamado la atención de la noticia original de El País:

Un ejemplo claro es Reino Unido, donde en 34 ciudades hay limitación a 30 kilómetros por hora. Según una encuesta encargada por el Gobierno británico, el 75% de los ciudadanos están de acuerdo con este límite. Entre los conductores, el 72% también se manifiesta a favor.

¿Por qué? La respuesta la encontramos no en Reino Unido sino en Pontevedra, donde la velocidad está limitada en ciudad a 30 km/h: entre 2007 y 2010 no registraron un solo fallecido por atropello. Y antes de que me digas con sorna que si no movemos el coche no se atropella a nadie, y que vamos a volver a los tiempos de las carretas y otros grandes éxitos, paso al siguiente punto.

fauna en ruta: equilibrio entre seguridad y agilidad

Pagamos el precio que estamos dispuestos a pagar

Vale, vamos al meollo del asunto. Decía yo que tanto me da dónde pongan el listón, porque (quiero pensar que) los que circulamos con arreglo a las circunstancias que nos rodean ya solemos circular de facto a unos 30 km/h en esas zonas residenciales, ahí donde pasar a 50 km/h son ganas de acabar el día de mala manera.

Por lo tanto, aquí lo único que cabe considerar es el asunto económico. Es decir, lo que costarán las señales. En cuanto a lo que recaudarán los radares, prefiero no pensarlo demasiado. Lo único que me planteo es cómo algunos conductores —o sus coches— llevarán eso de ir a 30 km/h en tercera y sin acelerar nada o casi nada.

¿Sorprendido de que esté yo tan pasota con la cuestión de la velocidad vista desde la óptica de la seguridad? Bueno. Llegados a este punto, permíteme que te hable de Jesús Monclús. Se trata de un hombre que sabe de lo que habla, lo que yo considero un experto en la materia, pero de los de verdad. Para el caso que nos ocupa, Monclús habla sobre temas relativos a la seguridad vial. Bien, pues este buen hombre cambió mi percepción de muchas cosas con un simple articulito de hace ya unos años (que además te dejo aquí para que le eches un ojo si quieres) y del que extraigo esta frase:

Hemos decidido, todos nosotros como sociedad, autoengañarnos y sacrificar un cierto número de vidas a cambio de llegar antes, de tener más tiempo para hacer más cosas al llegar al destino o de visitar más lugares, de ser más productivos, de abaratar los costes del transporte.

Es decir, que en la balanza ponemos a un lado los muertos y al otro nuestras preferencias, y con esos números vamos jugando en función de nuestras necesidades del momento. Así de guay. Vale, Monclús comenta esto a raíz de los límites de velocidad en carretera, no en ciudad. Pero la cuestión de fondo es la misma. No hablamos de un equilibrio por la seguridad vial, sino de un autoengaño de tintes económicos aceptado por todos.

Con un escenario tan majo como este, comprenderás que cuando se habla de límites de velocidad, ya haga tiempo que yo mire hacia otra parte y sólo pida que quien conduzca lo haga con coherencia, prestando la debida atención a lo que hace con independencia de cuál sea el numerito que marque el velocímetro de su coche y dejando las distancias adecuadas para la velocidad a la que circule.

Y nada, que yo venía a hacer balance de 2012 pero he acabado hablando de ir a 30 por donde la gente más o menos cabal ya vamos a 30. Y ya si eso del Año Nuevo hablaremos… el año que viene. ¿Hace?

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