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Chris Huhne

Una de las comidillas estos días es el asunto del ex ministro británico Chris Huhne, su multa por exceso de velocidad y las consecuencias que le ha acarreado mentir a la Policía de Reino Unido. Ocho meses de prisión por algo que, en principio, era pasar a 111 km/h por un punto de la autopista MY11 donde la circulación está limitada en velocidad a 80 km/h (cifras convertidas de mph a km/h).

Claro, dicho así es una animalada: cárcel por 31 km/h de exceso. Y así es como se explicaba ayer en algunas conversaciones a la sombra de una cerveza. Es decir, esta es la idea que queda. Aunque la realidad sea otra muy distinta y que tiene que ver con algo más chungo que acelerar donde no toca: endosar el muerto a otro. ¿Quién dijo que la picaresca era algo solamente typical Spanish?

Resulta que Huhne convenció / coaccionó / se puso de acuerdo con (táchese lo que no proceda) su mujer, una popular economista de Reino Unido llamada Vicky Pryce, para que se autoinculpara ella en la infracción, que cometió él en 2003, habida cuenta que por el historial que llevaba encima el político la infracción le habría costado el permiso de conducir.

Es que a Huhne ya le pesaban los puntos. Digamos que lo suyo no fue precisamente una ida de olla puntual en la autopista, así que sabedor de su propio expediente buscó la forma de que alguien lo encubriera. Lo más curioso / gracioso / idiota (táchese lo que no proceda, si fuera el caso) es que aquel mismo año acabó perdiendo el permiso igualmente cuando la Policía lo pilló con las manos en el móvil mientras conducía. Y entonces Vicky Pryce se encargó de llevarlo arriba y abajo en su coche.

Y en estas que en 2010 Chris Huhne se lió con una asesora suya llamada Carina Trimingham… y Vicky Pryce tiró de la manta por despecho. Que la había coaccionado, que coaccionó a más personas en su departamento, que conducía como un loco… El juez ha condenado a ambos por obstrucción a la Justicia. Y de momento, cuatro semanas a la sombra preventiva no se las quita nadie, ni al uno ni al otro. Todo, por un trapicheo de puntos del permiso de conducir.

Vía | The Guardian
Foto | David Spender

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