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En 1981, un Rolls-Royce Corniche particípó en la segunda edición del París-Dakar. Por aquel entonces, el rally-raid comenzaba a forjarse la reputación de ser la prueba más dura del planeta y más allá de una competición se trataba de una prueba de resistencia. Aquel Rolls-Royce fue una entrada más en la larga lista de rarezas del Dakar, en la que también podríamos incluir al victorioso Porsche 959.

Pero no nos desviemos. El Rolls-Royce nos sirve de introducción de lo que podríamos ver en un futuro próximo. Aunque sin su esencia pura. Bentley, perteneciente al grupo VAG, está sopesando su regreso al mundo de la competición. Y éste podría ser, nada más y nada menos, que en el Dakar. El fabricante de origen británico se aprovecharía del proyecto Volkswgen, abandonado este mismo año tras confirmar que la marca de Wolfsburgo llegaba al Mundial de Rallyes.

Los VW Race Touareg simplemente cambiarían de carrocería, algo que también se pensó que podría hacer Porsche para promocionar el su nuevo SUV pequeño, el Cajún. De confirmarse todo esto, implicaría que Bentley tiene un SUV al mercado (la verdad, no les veo promocionando al Continental en el Dakar), algo que por el momento no es así. La última vez que Bentley compitió al máximo nivel fue en las 24 horas de Le Mans de 2003, año en el que consiguió la victoria con el Speed 8.

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