
Avanzamos otro pasito más en nuestro repaso a las generaciones del Ford Mustang y llegamos a 1979, el año en el que el pony car sufrió su tercera remodelación completa y que marcaba el inicio de la tercera generación. Los denominados Fox Body.
Particularmente, son los menos agraciados para mi gusto, pero no por ello hay que menospreciarlos, puesto que en su primer año, las ventas totales llegaron casi a la cifra de las 370.000 unidades vendidas, lo que supone una de las marcas más altas de su historia.
Como muchos han dicho en infinitas ocasiones, el estilo europeo que se le quiso dar al Ford Mustang se alejaba demasiado del concepto inicial del coche y suponía un cambio demasiado radical respecto a lo que estamos acostumbrados a ver en generaciones anteriores.

En cierto modo, la adaptación de los Fox Body al estilo europeo podría tener su explicación. Los Import empezaban a pegar fuerte en el mercado norteamericano, principalmente por sus motores más pequeños y eficientes, por lo que en Ford decidieron unirse al enemigo en lugar de enfrentarse a él directamente.
El cambio de diseño también supuso un cambio de plataforma, que como todos habréis imaginado, se llamaba Fox. Esta plataforma la compartía con el Ford Fairmont y el Mercury Zephyr, pero el Ford Mustang era bastante diferente en concepto con sus dos primos. Por no decir totalmente diferente.
El uso de un diseño europeo se basó principalmente en atraer a nuevos compradores y también en conseguir que el Ford Mustang fuese algo más eficiente, gracias a un nuevo exterior más aerodinámico que su predecesor y con una construcción menos pesada que en anteriores generaciones.
Aparte de eso, la nueva plataforma Fox le dotó de más habitabilidad, ya que era 4 pulgadas (10,16 cm) más largo y su batalla también era cuatro pulgadas más larga. A pesar del aumento en sus dimensiones, su peso se redujo en casi 100 kg, lo que supone un buen adelanto respecto a generaciones anteriores. Eso sí, todos estos beneficios sacrificaron su seña de identidad, un diseño puramente americano.
Es curioso que a pesar del rechazo inicial de la gente, provocado por el cambio tan radical al que se vió sometido en 1979 el Ford Mustang, poco a poco los clientes se fueron acostumbrando a sus nuevas formas y sobre todo, entendieron que el pony car necesitaba este cambio. Las ventan avalan esto.

La lacra de la crisis del petróleo hizo estragos en el Ford Mustang. A pesar de no ser un coche concebido inicialmente para las altas prestaciones, muchos seguidores han relacionado al pony car con grandes motores V8 y potencias cercanas a los 300 CV. Culpa de ello tenían las ediciones de la primera generación como el Mach 1, los Boss o los Shelby Mustang. Y razón no les faltaba, desde 1965 hasta 1973 siempre había habido alguna edición de alto rendimiento.
Esto se perdió con la llegada de los Ford Mustang II e incluso en los primeros años de la tercera generación, los Ford Mustang no contaban con una versión destacable y con una buena cifra de potencia.
De hecho, los estadounidenses llegaron a preguntarse si en Ford se habían olvidado de lo que fue el Ford Mustang con las versiones más prestacionales de sus primeros años de vida, pensando que los ingenieros de la marca del óvalo habían desistido de volver a incorporar en la gama modelos de alto rendimiento.
Hasta que llegó Neil Ressler, ingeniero jefe de la división de Compactos y Utilitarios de Ford, y se hizo cargo de la resurreción de siglas y nombres míticos dentro de la gama del Ford Mustang. Uno de los primeros pasos que dió para llevar a cabo su Master Plan fue sustituir los carburadores de doble cuerpo por otros de cuádruple cuerpo, lo que propició la vuelta del Ford Mustang GT en 1982, volviendo a las señas de identidad de los clásicos Boss.

La búsqueda de una escalada de potencia también supuso una innovación dentro de las motorizaciones del Ford Mustang. El equipo de la división deportiva Special Vehicle Operations se hizo cargo de una nueva edición especial, el Ford Mustang SVO que presentaba como principal novedad la inclusión de un motor 2.3 turboalimentado de cuatro cilindros en línea, algo hasta ahora desconocido en cualquiera de sus variantes. Sus motores siempre habían sido atmosféricos.
Este aumento de las prestaciones ocasionó otro aumento, el más importante, el de las ventas, que habían seguido una línea descendente desde el pico de ventas de 1979. Pero el Ford Mustang SVO no aguantó el tirón, puesto que los consumidores, más tradicionalistas que nunca, cuando buscaban un Mustang con buen rendimiento, siempre optaban por lo clásico, el motor V8 5.0, por lo que el motor turboalimentado se discontinuó en 1986 en favor de los V8.
A partir de 1986, el aumento de potencia entre los modelos más prestacionales comenzó a quedarse estancado, comparando esta etapa con la comprendida entre 1979 y 1986, pero se siguió en ello. Hasta tal punto, que a principios de los ’90, Ressler y un equipo de preparadores oficiales de Ford retomaron la filosofía del equipo SVO con la intención de devolver al Ford Mustang un modelo altamente prestacional.
Así crearon el Special Vehicle Team, división que aún sigue presente en el desarrollo del Ford Mustang con el trabajo realizado en el 2010 Shelby Mustang GT500. Con el grupo ya consolidado, la división SVT presentaba el 1993 Ford Mustang SVT Cobra con el motor V8 5.0 de 235 CV y diferentes mejoras en el chasis para un mayor maniobrabilidad.
Un poco más tarde, a finales de ese mismo año, lanzaron al mercado el Ford Mustang SVT Cobra R, una versión preparada para la competición sin asientos traseros delanteros, aire acondicionado ni aislantes acústicos. Estos elementos se eliminaron para la reducción de pesos. Los pedidos sobre esta unidades especial llegaron de todas partes, agotando el cupo incluso antes de que acabase su producción, de sólo 107 unidades.
Por cierto, el Ford Mustang SVT Cobra nunca tuvo la aprobación de los directivos de Ford. Más que nada, porque SVT nunca pidió permiso para producirlo.

Llegados a 1987, en Ford deciden que es tiempo ya para una reforma en el Ford Mustang. Son 8 años con la misma plataforma y como todo en esta vida, el modelo necesitaba una renovación. Desde dentro de Ford, algunos directivos piensan que una mayor adaptación al estilo europeo sería el futuro del Ford Mustang.
Aprovechando que Ford había firmado un acuerdo con Mazda para producir el Mazda 626 y el Mazda MX-6 en una de las plantas de Detroit, algunos de estos directivos propusieron adaptar la plataforma de tracción delantera de Mazda a su modelo estrella, sentando las bases de lo que sería el nuevo Mustang.
Esto se filtró a la prensa y una legión de editores de revistas especializadas y seguidores comenzaron una campaña de desaprobación a la nueva estrategia de mercado. ¿Cómo iban a osar montar un producto completamente americano sobre una plataforma de origen japonés? ¡Ni hablar! El Ford Mustang no podía ser tracción delantera ni podía permitirse la pérdida otra vez de sus motores V8.
Tan grande se hizo esta campaña, que en Ford desistieron del intento de japonesizar al Ford Mustang. El público objetivo, los que iban a comprar el coche, habían dado su opinión y Ford no tuvo más remedio que pasar por el aro. El pony car se quedaba tal y como estaba. Pero el trabajo no se perdió, de esta colaboración nació el Ford Probe en 1989.
¿Entendéis ahora por qué el Ford Mustang sigue conservando el eje rígido trasero? Será menos eficiente, más tosco de conducir, peor en curvas y todo lo que un eje rígido acarrea, pero la tradición pesa más que la cabeza y así es como quieren los seguidores del Ford Mustang que siga siendo su coche preferido. A la antigua usanza.
En MotorPasion | Ford Mustang: generación de 1964 a 1973, Ford Mustang: generación de 1974 a 1978