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Todo lo que necesitas saber sobre la conducción autónoma del coche

Conducción autónoma según Google


La conducción autónoma es a día de hoy una tecnología en desarrollo constante. Una tecnología que da pasos de gigante hacia el objetivo, que no es otro que garantizar que los coches puedan circular sin interacción humana, sin percances y resolviendo cualquier problema relacionado con la conducción que se pueda presentar. Si nos paramos a pensar, la conducción autónoma es algo sumamente complejo.

Hoy nos vamos a sumergir de lleno en esta tecnología, las razones para evolucionar hacia ese escenario, las ventajas y los posibles problemas a los que se puede enfrentar un coche con sistema de conducción autónoma. Se trata del futuro, así que conviene comprender bien qué es lo que vendrá en los próximos años.

Razones para evolucionar hacia la conducción autónoma

Hablar de razones para evolucionar hacia la conducción autónoma puede parecer algo complejo. Las razones más evidentes, a lo mejor, son que es una tecnología posible hoy en día, y que es una tecnología que nos puede ayudar a conseguir reducir a cero las muertes al volante.

Conducción autónoma
Sinceramente, esas dos razones son los pilares fundamentales sobre los que se apoyan los argumentos a favor. Siempre habrá argumentos en contra para todo, y entre ellos se pueden contar el hecho de dejar de disfrutar de la conducción o los temores porque estos sistemas puedan fallar y sea peor el remedio que la enfermedad. Incluso habrá quien recuerde a Skynet y desarrolle una distopía en la que los coches asuman el control del mundo futuro.

Hay que decir que el mundo real no tiene que ver con la ciencia ficción, y que si bien el riesgo de que un sistema falle está ahí (lógicamente), sigue existiendo el riesgo de que un ser humano sufra un colapso mientras conduce y provoque un accidente grave. Y probablemente será más frecuente el fallo humano que el fallo de la máquina por la sencilla razón de que podemos añadir capas y capas de sistemas de seguridad, sistemas redundantes, protocolos de emergencias (para ejecutar maniobras evasivas o para llamar a los servicios de emergencias)... mientras que a las personas no las podemos “poner a punto” tan fácilmente.

Comodidad vs eficiencia y seguridad

La comodidad de ser transportado al trabajo mientras repasamos la próxima reunión, leemos un buen libro o bien desayunamos puede ser algo impagable. Estamos hablando de algo que podemos experimentar en el metro, autobús, tren de cercanías, taxi incluso,... pero si se trata de tu propio coche que, desde tu plaza de garaje hasta tu plaza de aparcamiento en el lugar de trabajo te transporta cómodamente, la cosa cambia.

Podemos pensar que, en un escenario ideal, la conducción autónoma puede ser extremadamente más eficiente que el conductor medio. No hablamos de los campeones de hypermiling, sino del conductor de a pie. El sistema estará “en contacto” con la centralita y sabrá en cada momento qué cantidad de energía se necesita para desplazar el conjunto a la velocidad X, o para llegar en Y minutos. Incluso puede elegir la ruta óptima según el estado del tráfico, la hora o el tiempo. Esto no es ciencia ficción.

Reacciones rápidas
Hablando de seguridad, el tiempo de reacción del sistema de conducción autónoma será siempre menor que el tiempo de reacción humano, y es más, ante un imprevisto hará la detección, toma de decisiones y acción adecuada en menos tiempo del que tardaríamos nosotros siquiera en reaccionar. Para que el sistema sea seguro en un entorno “hostil” tendrá que soportar una velocidad de computación extremadamente alta, atender a miles de variables y “visualizar” cientos de escenarios posibles, para calcular los más probables y anticiparse a cualquiera de ellos.

Con un sistema perfectamente programado y calibrado, podremos sentirnos totalmente seguros. Es decir, siempre que todo el sistema esté perfectamente calibrado y, por decirlo de forma sencilla, todos los coches conduzcan de forma autónoma, se podría llegar a una utopía de cero accidentes e incidentes, a una conducción totalmente fluida y carente de atascos o retenciones. Si conviven los dos sistemas (humano y autónomo) sí que se podría liar la cosa… un poco más.

Problemas a los que se enfrenta la conducción autónoma

Para un sistema de conducción autónoma el reto es el mismo que para nosotros, humanos. Se trata de lidiar con todo lo que puede surgir a la hora de circular con el coche, pero además hay que disponer de un sistema que controle perfectamente los mandos del coche, que reconozca las reacciones ante determinados estímulos,... Hablar en detalle de todo lo que incluye un sistema de conducción autónoma nos daría seguramente para una tesis doctoral, así que nos centraremos en lo más vistoso, asumiendo que disponemos de un sistema completo.

Cruces
Un interesante problema son los atascos, aunque aparentemente no sea de los más complejos. Simplemente “basta” con adaptar la conducción a ese escenario. Los peatones son otra cosa, porque aparte de ser “objetos” con comportamientos ciertamente impredecibles, son muy delicados. Las maniobras de esquiva de un peatón son, por su propia naturaleza, esquivas aleatorias y suponen un problema añadido.

Ante un accidente en la vía también hace falta capacidad de reacción y una toma de decisiones correcta y a tiempo. La dinámica del coche accidentado puede ser impredecible, y de nuevo una reacción adecuada es vital para no contribuir al accidente con una nueva colisión. De nuevo la complejidad de un escenario así es enorme e involucra miles de variables y posibles situaciones.

El mayor problema que puede existir de cara al nuevo conductor, al que confíe sus desplazamientos al sistema autónomo, es el exceso de comodidad. Es decir, dejar de conducir de forma habitual, de manera que nos convirtamos en los nuevos “conductores domingueros”, esos que solo salen a la carretera en fiestas y vacaciones. Seríamos, de nuevo, conductores poco habituados a conducir y propensos a tener vicios o manías, o simplemente estar oxidados de lo que la conducción requiere: práctica, reflejos, concentración, práctica y más práctica. Tener interiorizado lo básico de la conducción es fundamental, y puede que la conducción autónoma nos pueda privar, inadvertidamente, de ello.

Pero, como conclusión, la conducción autónoma tiene más pros que contras y es sin duda del futuro, y una de las tecnologías más innovadoras de la automoción. Ahora nos toca ver cómo está el “estado del arte”, qué tecnología está disponible ya, cómo se solucionan problemas conocidos,... Esto lo dejaremos para otra entrega que pronto podréis disfrutar en vuestras pantallas.

Foto | Spaceape

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