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Cómo conducir de forma segura en condiciones de niebla

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Nieblas


En estas fechas invernales es frecuente que nos encontremos en la carretera con lluvias, nieve o hielo, o bancos de niebla espesa, sobre todo si circulamos por zonas en las que discurra algún río, o vivimos cerca del mar. La niebla es uno de los fenómenos meteorológicos más imprevisibles (en cierta medida), y también uno de los que más estrés puede generar al conductor. La razón es simple: podemos llegar a encontrarnos con visibilidad nula.

No hay nada más incómodo que conducir sin visibilidad, porque entonces las dudas nos asaltan: qué habrá por delante nuestra, ¿nos verán bien los conductores que se nos acercan?, ¿y si de repente sale un animal de la cuneta?… Para afrontar la niebla en buenas condiciones de seguridad debemos observar una serie de recomendaciones, además de conocer perfectamente cómo y cuándo utilizar las luces antiniebla.

Ante todo precaución y previsión

La pregunta que toca es ¿cuándo o dónde podemos encontrarnos niebla? No es infalible, pero si vamos a circular por determinadas zonas conviene saber cómo se produce la niebla. Creo que una de las explicaciones más sencillas y claras que he leído se debe a José Antonio Maldonado, sí, “el del tiempo”, que nos resume así la formación de las nieblas (y aquí explica más profundamente las causas de enfriamiento del aire):

  • Se produce un enfriamiento de la capa de aire que está junto al suelo.
  • Aumenta la humedad relativa del aire hasta llegar al cien por cien, es decir hasta alcanzar la saturación.
  • Comienzan a formarse entonces gotitas de agua que se adhieren a las pequeñas partículas de polvo, hollín u otros pequeños núcleos de condensación que flotan en el ambiente.

Podemos resumir más, diciendo que cuando el aire se enfría lo suficiente y tenemos un nivel de humedad muy alto, es muy probable que se forme niebla. Así que si nos levantamos una mañana muy temprano y vemos indicios de humedad y bastante frío, preparémonos para la niebla. No hay demasiadas cosas que preparar (no como en el caso de la nieve, al menos), pero conviene repasar algunas cosas:

  • Escobillas del parabrisas: mejor limpias, porque las gotitas de agua que forman la niebla pueden requerir el uso del limpiaparabrisas, y si las escobillas están sucias será peor el remedio que la enfermedad.
  • Comprobar todas las luces del coche, que funcionen correctamente: en la niebla es tan importante o más que nos vean, que ver.
  • Comprobar el sistema de climatización para que podamos usarlo para combatir el vaho que se forme en el interior. No queremos circular con “dos nieblas”, ¿verdad?

Niebla en carretera o en autovía

Niebla muy intensa en la carretera
Depende mucho de por dónde circulemos para notar más o menos los efectos de la niebla en la conducción. Lo primero que hay que saber es que niebla=humedad, tanto en el ambiente como en el asfalto. Es decir, la niebla moja, y mucho. Lo segundo es que en autovía tenemos más parámetros controlados, por ejemplo los laterales de la vía, el hecho de que no tenemos tráfico en dirección contraria, que tenemos muchas marcas que nos indican “la ruta”…, pero también circulamos a velocidades mayores en media, y podemos encontrarnos obstáculos a muy poca velocidad.

En carretera, la cosa cambia: todo es más estrecho, más sinuoso, tenemos tráfico en dirección contraria y a veces tenemos arcenes inexistentes, o graciosos desniveles que nos llevan a la profundidad del bosque en menos de lo que canta un gallo. La conducción por carreteras convencionales en medio de espesos bancos de niebla puede ser muy estresante, y en ciertos casos es recomendable extremar las precauciones y procurar que nos vean desde la mayor distancia posible.

En ningún caso es recomendable frenar bruscamente, así como en ningún caso se debe detener el vehículo en medio de la vía. Siempre hay que prestar especial atención a lo que tenemos por delante y adaptar la conducción (sobre todo la velocidad) a las condiciones de visibilidad. Por poner un ejemplo rápido, existe “la regla de las tres V“ que nos da una idea de cómo adecuar la velocidad (aunque no es infalible): si tenemos una visibilidad de 50 metros circularemos a 50 km/h dejando 50 metros de distancia con el coche que nos precede.

Es una regla de mínimos, muy prudente. Evidentemente, si la visibilidad baja a 20 o 30 metros, muchas veces preferiremos salir de la vía y descansar, porque el estrés de pensar que alguien pueda venir “rápido” por detrás, o de perder la referencia de la carretera puede suponer un peligro añadido. Tened cuidado en la carretera estos días, las nieblas abundan y por experiencia es muy recomendable conducir tranquilos, sabiendo qué tenemos por delante y con la precaución necesaria para no llevarnos u susto. Y desconfiad de esa falsa sensación de seguridad que implica conocer la carretera como anillo al dedo.

En Espacio Toyota:

Fotos | easylocum, emdot

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