Sin dejar de ser un Dodge en cuanto a diseño, sus rasgos apuntan más a florecer en el mercado europeo que en el americano. No es un SUV, es un monovolumen, competidor directo del Ford S-MAX y similares, aunque le aventuro un precio más reducido.
La plataforma escogida para el desarrollo del Dodge Journey, que así se llama, es la misma que la utilizada en el Dodge Avenger, pero con una distancia entre ejes mayor. Y si por algo tenemos que destacar al Dodge Journey es por equipamiento. Control de estabilidad, ocho airbags (frontales, laterales, de cortina y para las rodillas en las plazas delanteras), infinidad de huecos portaobjetos, sistema multimedia en las plazas traseras, navegador con pantalla de 8’’ o un cámara trasera con pantalla en el salpicadero son los elementos que nos encontramos. Cargadito que va.
Donde veo que falla, y creo que muchos también opinarán lo mismo. Sólo cuenta con un motor diésel, un 2.0 de 140 CV de origen Volkswagen que va asociado a una caja de cambios manual de 6 relaciones o una automática con sistema de doble embrague, al estilo DSG. Lo demás, todos gasolina y de alta cilindrada, con consumos nada adecuados para el precio que tenemos actualmente en el Viejo Continente.
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